
Amalia comprendió que su sombra no podía estar en otro lado que no fuera en ella. En ese instante se topó con una cadenita que colgaba del cielo, la jaló y entonces se encendió una luz maravillosa y especial. Inmediatamente apareció su sombra. Amalia sintió que estaba completa y la ausencia de su sombra se debía a que ella vivía en oscuridad. Mientras ella admiraba su oscura silueta, los caballeros se desvanecían por completo y Amalia sonrió.
FIN